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lunes, 7 de septiembre de 2015


¿Para quienes va dirigido esta blog?


Entendamos por empresa a un acuerdo de personas para llevar a cabo, bajo propósitos específicos de gestión y bajo una estructura normativa, un solo fin: el de generar la mayor rentabilidad económica posible, lo más que se pueda lograr en cifras. Es este el único talante en que basa su existencia una organización empresarial. Bueno, este escrito va dirigido para aquellos que buscan estos fines y gerencian personas, desde el empresario como el apostador de talentos hasta el empleado ejecutivo como célula racional de productividad. Déjeme ofrecerle la mejor estrategia de rentabilidad en un término poco conocido, pero muy aplicativo, la implementación de una política de “inteligencia emocional” en su casa laboral, base para la generación y desarrollo de las demás estrategias técnicas que partan de este gran motor como es el ser humano. Toda empresa busca minimizar costos, de producción y administrativos, y maximizar las ventas; el resultado: la rentabilidad. Estos dos grandes ratios económicos van a generar el margen de utilidad del negocio y su mantención en el mercado, pero ¿de quiénes depende?
La inteligencia emocional se inicia en el entendimiento de las reacciones conductuales en el trabajo bajo el poder de las emociones. El comportamiento laboral parte de un proceder individual llamado “actitud”. La personalidad, la percepción, la motivación, y otros términos propios más, enmarcados en lineamientos como la cultura y las políticas organizacionales, son los factores determinativos de están gran sello personal como es la referida actitud. Si dejamos de lado los aspectos técnicos o cognitivos, solo nos queda el potencial personal, tan complejo de predecir; pero que sus mejoras son motivos de una satisfacción plena de trabajo, de logros y de vida. Los valores son una muestra de correcta actitud. Todos sabemos que es el “respeto”, incluso lo profesamos, nos lo atribuimos, pero no lo cumplimos; la diferencia entre decirlo y cumplirlo lo determinan las desviaciones emocionales de la cual tanto vamos a hablar. Créanme que nunca pensé tantas veces en “emociones”, “organización”, “ejecutivos”, “gerente”, “vida laboral”, etc.; términos que son inseparables de un contexto empresarial, en este escrito tomado como el universo de estudio.

domingo, 6 de septiembre de 2015

¿Cuán importante es la Inteligencia Emocional en las organizaciones?


Sólo existen dos factores determinativos de eficacia y eficiencia en una organización empresarial: la tecnología y el desempeño de los empleados; pero, si ante falencias reiterativas quisiéramos saber la causa de las causas, siempre terminaremos en el segundo factor, téngalo por seguro. La nueva “administración” no sólo se basa en aspectos organizativos y modelos de procedimientos complejos; hace conocer que la eficiencia de su aplicación tiene un cimiento como soporte de todo término que involucre la palabra “gestión”, y es la capacidad personal plasmada en el potencial de las habilidades emocionales. Así, la filosofía de la inteligencia emocional de una organización se evidencia en una capacidad individual de “decisión”, sostenida por un equilibrio emocional imperturbable, y una “labor de equipo” respaldada por una aptitud social de cohesión; todo ello enmarcado en un clima laboral propicio para la buena comunicación y los valores, lo cual mucho depende de la directiva y la alta gerencia. Bajo este contexto, de superar el gran problema del factor humano, arraigado en muchas organizaciones (las que optan por buscar y encontrar los mejores ejecutivos del mercado) nos enfocamos a comprender y desarrollar el lado contrario de la técnica: las aptitudes personales. Muchos verán a esta filosofía como una política blanda por liderar y una estrategia débil de implementar. Pero, es todo lo contrario, es una de las herramientas más duras que conozco cuando se implementa correctamente, porque busca romper ese molde cementado de defectos, complejos y prejuicios que cargan todos, instalado en la más profunda personalidad del individuo como pieza productiva en una organización.