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domingo, 6 de septiembre de 2015

¿Cuán importante es la Inteligencia Emocional en las organizaciones?


Sólo existen dos factores determinativos de eficacia y eficiencia en una organización empresarial: la tecnología y el desempeño de los empleados; pero, si ante falencias reiterativas quisiéramos saber la causa de las causas, siempre terminaremos en el segundo factor, téngalo por seguro. La nueva “administración” no sólo se basa en aspectos organizativos y modelos de procedimientos complejos; hace conocer que la eficiencia de su aplicación tiene un cimiento como soporte de todo término que involucre la palabra “gestión”, y es la capacidad personal plasmada en el potencial de las habilidades emocionales. Así, la filosofía de la inteligencia emocional de una organización se evidencia en una capacidad individual de “decisión”, sostenida por un equilibrio emocional imperturbable, y una “labor de equipo” respaldada por una aptitud social de cohesión; todo ello enmarcado en un clima laboral propicio para la buena comunicación y los valores, lo cual mucho depende de la directiva y la alta gerencia. Bajo este contexto, de superar el gran problema del factor humano, arraigado en muchas organizaciones (las que optan por buscar y encontrar los mejores ejecutivos del mercado) nos enfocamos a comprender y desarrollar el lado contrario de la técnica: las aptitudes personales. Muchos verán a esta filosofía como una política blanda por liderar y una estrategia débil de implementar. Pero, es todo lo contrario, es una de las herramientas más duras que conozco cuando se implementa correctamente, porque busca romper ese molde cementado de defectos, complejos y prejuicios que cargan todos, instalado en la más profunda personalidad del individuo como pieza productiva en una organización.

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