La codiciada búsqueda de la Inteligencia cognitiva
Bueno, ya
estamos hablando de “inteligencia empresarial”, término que acuño para definir
el área de aplicación en los negocios; moderna y vanguardista que no deja de
ser más que la inteligencia personal, la célula viva y primaria del fundamento
de este término. Las empresas continúan con la canción de mejorar los esfuerzos
grupales pero no actúan sobre cada una de estas células. No olvide que lo
individual redunda en lo grupal; y es así que, un conjunto de personas, bajo un
mismo objetivo, es lo que llega a ser una empresa, por supuesto con un fin
siempre rentable. Entonces, el contratar, reunir o mantener a los más
talentosos gerentes, suma la característica de tener un “staff” de primer nivel
e inteligente a las situaciones.
Reconsideremos
que la inteligencia abarca desde la suma de conocimientos adquiridos en
experiencias, formación académica y otros que agregan el saber de las cosas,
hasta la correcta relación de estos conocimientos, y después, su aplicación;
desde la más profunda habilidad conceptual, en la expresión más pura de la
intelectualidad, la misma de Leonardo Da Vinci, hasta decidir y comprar un par
de zapatos, lo cual es dificultoso para algunos; todo ello determina el nivel
que tenemos del mismo.
Agreguémosle
otro toque de términos básicos que consideran a la inteligencia, en términos
sociales, como la adaptación al medio de vida; un medio de vida que ofrece un
sinfín de problemas urgentes de resolver. Citemos el caso de un niño criado con
una posición social económica considerable y bien formado académicamente, que
por razones del destino se queda en la calle sin más recursos de los que él
pueda conseguir, incluso, para satisfacer sus necesidades básicas. Si
sobreviviría, tal vez al inicio, lo haría con más dificultad de aquellos niños
que ya viven o pululan en las calles y que son parte de nuestra problemática social,
donde han hecho de su entorno, tan difícil e inadecuado para su formación, su
hábitat natural de desarrollo vital. Digamos que los segundos tienen el
conocimiento, porque lo han adquirido en base a experiencias; pero estamos
dejando de lado el razonamiento. El niño puede que se adapte con mayor
facilidad que los otros cuando lo hicieron en su primer contacto con la calle
(si es que lo tuvieron), sabrá desenvolverse mejor, interactuar con mayor
rapidez a los mensajes de las calles, porque ha ejercitado su razonamiento en
base a sus prácticas académicas. Esto nos otorga otra conclusión: que
conocimiento y razonamiento se suscitan de manera independiente, pero uno se
sirve del otro. En el ejemplo, no hemos tomado todos los problemas de
adaptación social que naturalmente son más complejos. Esta adaptación a la vida
también tiene que ver con conocimientos y habilidades que fueron matizadas
ampliamente por el Dr. Howard Gardner en 1983, donde menciona múltiples
competencias de tenencia independientes en la persona; pero conjugadas en más
de una.
Desde la
concepción del enfoque humanista, que surgió a partir de la teoría de las
relaciones humanas, el interés por la máquina y el método de trabajo fueron
cediendo prioridad a la preocupación por las personas y los grupos sociales,
desarrollando aplicaciones en la motivación y los incentivos de los
trabajadores, y profundizando el estudio del liderazgo en los ejecutivos de
rango. Esta teoría, a diferencia de otras, fue muy aceptada por ser de
características democráticas. A partir de este momento, la psicología fue
materia muy tocada en el desarrollo y la productividad de una organización
empresarial.
“La
psicometría” pasó a ser el término que define a la disciplina que se encarga de
las mediciones psicológicas, donde uno de sus principios se basó en medir “la
inteligencia”. Fue ésta, para la psicometría, un concepto primario y núcleo de
estudio, determinándose mediante el ratio llamado cociente intelectual. Pero no
puedo tomar a este indicador como verídico y mi posición se basa en que en los
test utilizados hay factores que influyen en el resultado como el estado de
ánimo, la salud, el tiempo, el entorno, la predisposición, y otros que intervienen
en el momento de la evaluación. A todos los factores mencionados los considero
como estados y momentos convenientes u oportunos para el éxito de la evaluación
y su posterior determinación del nivel cognitivo.
Bueno, ya
estamos hablando de otras condiciones, de otras circunstancias que pueden
determinar la eficacia de esta evaluación justo en el momento cuando se está
tomando. El estado de humor, por ejemplo, en individuos con problemas
personales de preocupación o invadidos por cualquier emoción, no darán una
mejor fluidez a sus ideas y su proceso cognitivo se verá truncado. El estado de
salud, si no es el favorable por síntomas de una enfermedad o fastidios de un
dolor, no va brindar un dato real de evaluación; las dolencias físicas también
son incapacitantes para un proceso mental correcto, limitan la capacidad
fisiológica y no dan poder al cognitivo. Consideremos al cuerpo como una máquina
motora física compuesta de células, nervios, glándulas secretoras y todos los
sistemas internos que integra el ser, y que, al no funcionar al cien por
ciento, no hay base fisiológica adecuada en donde se asienten las órdenes
mentales. Éstas son parte de un sistema base físico, tangible, y con riesgo a
perturbaciones incapacitantes propias de una infraestructura mecánica de un
proceso humano.
En mi
preparación preuniversitaria conocí a un postulante que a pesar de
obtener los mejores resultados en las “pruebas simulacros” de ingreso a la
universidad, cuando llegaba el día y el momento del examen oficial anual de postulación,
los nervios lo embestían. Este versado muchacho tenía cuatro años postulando;
el ansia para ingresar a la materia de su elección lo mantenía insistente, pero
decepcionado en cada traspié. Al darse por vencido y cambiar de materia,
desarrolló el examen con una tranquilidad envidiable, su ansiedad bajó a cero y
eliminó su autopresión. En los resultados logró un puntaje que no sólo lo
dejaba en primer lugar en su nueva carrera, sino también hubiese ingresado a la
profesión original que tan afanosamente persiguió y nunca alcanzó.
Entonces,
existen y hay otros agentes, elementos condicionantes que hay que tener en
cuenta. Parte de la intención de este trabajo es que el proceso mental se
encuentre limpio, libre de distorsiones abrumadoras; pero ¿qué nos otorgaría?
Muy necesario: tomar las decisiones correctas y elaborar las estrategias más
eficaces que cumplan con las exigencias laborales ¿Y por qué no personales?
Este beneficio mental también devendría en un control de las emociones,
suficiente capacidad de automotivación y una excelente salud en todos los
aspectos. Reitero, el coeficiente intelectual no es fiable; personas con un
alto coeficiente tienen un desempeño laboral pobre, y aquéllas con un
coeficiente medio lo hacen de manera promisoria que los vuelve indispensables
en una organización empresarial.
¿Se puede
hablar de otros tipos de inteligencia? Décadas atrás la explicación a diversos
fenómenos psicológicos hizo parir otras teorías cuyos autores denominaron en
sentido tácito “tipos de inteligencia”. En 1983, Howard Gardner, este psicólogo norteamericano
de la facultad de ciencias de la educación de Harvard escribió: “Las
estructuras de las mentes”. Él consideró
a la inteligencia como un potencial del ser humano; pero que no puede ser
medida a través de los clásicos criterios de evaluación. Después conceptualizó
nuevas inteligencias a las que llamó: “inteligencias múltiples”, tratando de
estratificar el desarrollo de las capacidades personales a partir de diversas
habilidades y en diversos campos; primero identificadas en número de siete
(algunas tratadas por otros como talentos, como la musical y la cenestésica, y
no como un desarrollo de la inteligencia); no dudo que después haya reconocido
que era una cifra muy taxativa. Pero nos hizo reconocer que la multiplicidad de
habilidades humanas es basta y cada una de ellas de diferente aptitud
funcional. Dentro de estos tipos de inteligencia aumenta la inquietud de la existencia de capacidades que se
relacionan con la actitud y el comportamiento: la inteligencia intrapersonal e
interpersonal. El Dr. Gardner las menciona así: <<La inteligencia
interpersonal es la capacidad de entender a los demás e interactuar eficazmente
con ellos. Incluye la sensibilidad a expresiones faciales, la voz, los gestos y
posturas y la habilidad para responder. Se encuentra presente en actores,
políticos, buenos vendedores y docentes exitosos. Y la inteligencia
intrapersonal consiste en el conjunto de capacidades que nos permiten formar un
modelo preciso y verídico de nosotros mismos, así como utilizar dicho modelo
para desenvolvernos de manera eficiente en la vida. Se encuentra en teólogos,
filósofos y psicólogos>>.(1) También, hace tangible su perspectiva teórica creando el proyecto
denominado “Spectrum”, donde reúne a un grupo de maestros y niños en edad
educacional primaria. El proyecto es considerado como un trabajo de
investigación, de desarrollo curricular infantil, donde se identifican las
capacidades más destacadas de los infantes para después desarrollarlas. El proyecto
ayuda a encontrar un sentido aplicativo a los talentos aportando con una
flexible metodología a la educación; al parecer, se está utilizando como base
para los futuros programas educativos individualizados por sus excelentes
resultados de formación personal-académica.
De las
inteligencias mencionadas, en el párrafo anterior, los psicólogos Jhon Mayer,
Peter Salovey y Daniel Goleman, entre otros, dieron el sitio correcto e
insistieron en la necesidad de desarrollarlas para un éxito de vida social y laboral
resumida a través de su denominación como: “inteligencia emocional”. Otros como
Robert J. Stenberg, psicólogo estadunidense, en su “Teoría triárquica de la
inteligencia” definió en 1985 a la inteligencia en tres categorías, las que
también denominó habilidades: inteligencia componencial-analítica, habilidad para adquirir y almacenar
información; inteligencia experiencial-creativa, habilidad fundada en la
experiencia para seleccionar, codificar, combinar y comparar información; y la
inteligencia contextual-práctica, relacionada con la conducta adaptativa al
mundo real.(2) Este estudioso relacionó características
de la inteligencia con aquéllas que bien pueden situarse en esferas de la
personalidad y la conducta. Digamos que Gardner y Stenberg fortalecen aún más
la inclusión de factores que influyen en la capacidad cognitiva, relacionando
su eficiencia con elementos emocionales, motivacionales, de relación con el
medio y que pasan a formar parte de la conducta.
Siendo cada
profesional especialista en este campo y dueño de su propia opinión, se toman
sus valoraciones como bastante nutritivas en vía de explicarnos conceptos tan
abstractos en donde sólo podemos percibir sus causas y efectos. Sus deducciones
siempre generaron polémica y controversias, ya que irrumpe en el campo más
incorpóreo del ser humano, el de la emoción, la conducta, la personalidad, etc;
mis argumentos tampoco se escapan a estas críticas. Ahora
ya se tiene claro que ingredientes no cognitivos influyen en el rendimiento
intelectual; sustentando que déficits de control personal entorpecen la
adquisición de conocimientos y el proceso de comprensión de la información.
Se ha tratado
a la inteligencia, a la capacidad intelectual, al razonamiento, al
conocimiento, de las más diversas maneras que se ha podido nombrar en
diferentes estudios, libros, artículos, notas, y de diferentes puntos de vista.
Pero, no es mi propósito pisar este terreno, mucho menos profundizar; peor aún,
cuando la psicología lo toma como un “constructo”: una entidad hipotética de
difícil definición que sabemos que existe, pero demostrarla es discutir y su
polémica es eterna. Vanos serán mis sustentos teóricos e incompetentes en este
campo por no tener la formación, la especialidad y mucho menos el interés por
estudiarlo. Créanme que vi tanta negligencia en cada lugar en donde trabajé,
que no me preocupa esta capacidad en un ejecutivo o profesional-académico. Posteriormente
en cada concepto, en cada propósito del escrito y hasta en cada frase, me voy a
ir desligando de este término, muy dependiente, para buscar el punto crucial de
un éxito laboral y su necesaria satisfacción personal. Poco a poco, me iré
acercando al tercer elemento; daré vueltas y siempre llegaré al mismo punto, el
de las emociones.

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